La paciencia como arte de aprender a soportar lo
insoportable, como virtud escasa, como prueba de fidelidad y aprecio. Habilidad que se adquiere con el tiempo,
fuente de equilibrio externo y pilar fuerte construido sobre piedras. Camino
que llega al respeto, la tolerancia y la estabilidad. Fuente que emana paz
interior. De aprendizaje continuo. Fugaz como las estrellas del firmamento.
Efímera como el humo de un plato caliente en pleno invierno. Acogedora y
comprensiva. La paciencia, como virtud escasa y totalmente necesaria.
'El carbón no cambia de color cuando se lava. Lo que no se puede curar ha de soportarse.' (LA CIUDAD DE LA ALEGRÍA, Dominique Lapierre.)
lunes, 21 de octubre de 2013
Las circunstancias tienen la capacidad de sobrepasar los límites de cualquier persona hasta llevarla a perder los nervios. Que se acumulen los problemas y las obligaciones, históricamente, se ha llamado “malas rachas”. Las “malas rachas” afectan a cualquiera, sea quien sea, de la condición que sea: les afecta a los ricos y a los pobres, a los trabajadores y a aquellos que se dejan los codos estudiando para un día poder trabajar, a familias enteras o a individuos solitarios que callejean intentando buscar algo de paz.
Si, amigos, todos intentamos buscar paz. No la paz como ausencia de guerra, que también, pero eso es una utopía que se aleja bastante de la realidad en la que vivimos. Buscamos paz interior, tranquilidad, relax. Buscamos la manera de que los problemas no sean capaces de sobrepasarnos; alternativas a la rutina, maneras de escabullirnos de la realidad.
El trabajo nos agobia, la rutina nos sumerge en un mundo monótono que nadie desea, el descontrol nos hace vulnerables, caer enfermo hace que retrasemos nuestras obligaciones y por lo tanto volvemos a agobiarnos. El agobio genera tensión y mal humor, el ambiente se carga, las relaciones se estropean y, por supuesto, llegan las peleas. La positividad es sustituida por el estrés y las cargas.
Y, entonces, llegas a un momento en el que desearías explotar, desaparecer, dejar de dar gritos inservibles a la nada. No sirve llorar, no sirve escabullirse…
Sirve escribir, relatar diariamente como me siento. Tener sensatez y agallas para seguir adelante, sonreír y responder siempre que estás bien, que la vida es maravillosa, que en todo momento nos regala algo bello que contemplar aunque no sepamos apreciarlo. Ver que, diariamente, una mariposa de colores vivos pasa por nuestra ventana y nos da los buenos días; alguien desconocido nos sonríe al cruzar alguna mirada.
Que por mucho que las “malas rachas” existan, también existen los sueños: aspectos concretos de nuestra vida a los que nunca les hemos de dar la espalda, metas que conseguiremos con esfuerzo y esfuerzos que nos traerán recompensas inesperadas.
Si, amigos, todos tenemos sueños y, en las “malas rachas”, deberíamos apostar por ellos.
Atentamente,
Alguien con el sueño de ser escritora.
miércoles, 3 de julio de 2013
DIARIO DE UNA SOÑADORA: VIII. Musicalmente hablando, los conciertos, mejor de su mano.
Siéndoos
sincera, el principio de esta historia mejor se la preguntáis a él, que fue el
que una aburrida mañana de domingo decidió agregarme al tuenti. Yo,
sinceramente, no se deciros porque razón acepté.
Es curioso
que todo esto empezase así, como un mero juego de niños pequeños. Yo tampoco lo
llego a comprender del todo bien. Si quiero ponerle una fecha de inicio a todo
este entresijo de casualidades me siento plenamente incapaz.
Pasábamos
horas hablando en la red, mientras cada uno continuaba con su vida por su lado.
¿Qué por qué hablábamos tanto? Carezco de contestación hacia esta pregunta; lo
único que se cierto es que cuadramos y surgió una bonita amistad que poco a
poco se fue consolidando. Y que, a día de hoy, ha hecho de David una persona imprescindible
en mi vida.
Recuerdo que
por primera vez nos vimos en el salón del manga de hace más de dos años, o
quizás no… Se me hace complicado ponerle fechas a algo tan extraño. Pero lo que
sí es totalmente verídico es que pasé, uno de los mejores conciertos de mi vida,
de su mano: Dándose lugar en Alcoy y celebrándose por sus fiestas de moros y
cristianos, tuvo lugar el Sound Jordi, concierto que por supuesto no teníamos
intención de perdernos, ni mis amigos, ni él. Fue una noche digna de contar,
pero eso extendería demasiado este fragmento. Lo que quedó firmemente atado fue
nuestro lazo.
Nos procesábamos
un cariño sin límites, que estaba por encima de la distancia que nos separaba.
Nos veíamos cuando podíamos, aunque fuese poco.
¿Ahora?
Ahora que vivimos tan cerca, cuento los días que me quedan para verle. Hacemos
mil planes juntos. Aun no hace un año que vivo en Valencia y ya nos hemos
recorrido unos cuantos conciertos (incluyendo una de las mejores experiencias
de mi vida: el Viña Rock 2013).
Quiero que
queden aquí reafirmados mis sentimientos; aunque es difícil escribir en un
diario lo que forma parte de tu presente, aquello que se pasa todo el día
ocupando tu mente; y de lo que estás segura que quieres para tu futuro.
Porque esta historia
empezó en conciertos. Pero, en general, mi vida, mejor de tu mano, mi vida.
miércoles, 5 de junio de 2013
Perdón.
El ser humano tiene el poder de utilizar la palabra “perdón”. Pero no servirá de nada si no la acompañas de unos actos que le otorguen valor. Un valor que servirá para enmendar el peor error que puedas imaginar. Ya que el hombre, por el mero hecho de serlo, erra sin saber lo que está haciendo. Bien sea tomando decisiones equivocadas o negándose a si mismo.
Pedir perdón es una de las hazañas más valientes que, cada cual, puede lograr. Enriquece tu vida y la llena de color, hace florecer la primavera, al dejar de lado el orgullo. Pues es este, el orgullo, el que impide el paso al perdón.
No quisiera dar a entender con esto que el orgullo sea inservible, ni mucho menos poco honrado. Hay veces que de él hay que echar mano para que no nos puedan pisar.
Pero hay otras veces, en las que sin darnos cuenta pisamos. Y es en ese mismo instante donde hemos de darnos cuenta de que el potencial del ser humano va mucho más allá del simple hecho de hacer daño.
Podemos arreglarlo, tenemos el poder de pedir perdón, utilicémoslo..
viernes, 17 de mayo de 2013
DIARIO DE UNA SOÑADORA: VII. Albalate De Las Nogueras
Cuando te
das cuenta de que lo único que de verdad tienes es lo de siempre y a los de
siempre. Cuando un pueblo hace de lazo imposible de romper, por muchos kilómetros
de distancia que nos separen, por muy esparcidos que estemos, por muy
diferentes que seamos, por mucho que maduremos a pasos dispares. Cuando te das
de bruces y ves que es lo único que de verdad tienes, es porque es el momento
de hablar de ello:
ALBALATE DE
LAS NOGUERAS es un pequeño pueblo situado en la provincia de Cuenca (a una
media hora de esta ciudad), en una pequeña elevación que lo convierte en un
pueblo a rebosar de cuestas y, todas y cada una de ellas, llegan a la plaza del
pueblo donde todos aprendimos a jugar y a pasar las tardes y las noches de
verano, donde vemos caer el judas y montar el escenario. Y, así, van pasando
los años.
Repleto de
encantos, aguarda cada año a que lleguen fechas concretas y se vuelva un pueblo
joven y lleno de vitalidad. Pero no solo lo aguarda el pueblo. Todos nosotros,
aunque hayamos echado raíces en otro lado, volvemos. Y si volvemos es por qué
algo hay allí que nos hace volver.
Comenzando
por el comienzo, Albalate es el pueblo donde nació mi abuela materna. Es a ella
a quien le debó el inmenso placer que me invade al pensar en los veranos ya
pasados y en los que están por venir, en todos aquellos fines de semana que pasábamos
al lado de la lumbre muertos de frio, y en todas esas Semanas Santas que me han
llevado. Todo ese esfuerzo para que no se perdiese el gran espíritu que alberga
el pueblo. Un espíritu de unión y acercamiento, de paz y tranquilidad, de
bienestar y desconexión, de fiesta y diversión.
Mis primeros
recuerdos de este ya quedan muy lejanos, pero siempre almacenados en esa parte,
que más que del cerebro, forma parte del corazón. Esa parte donde los recuerdos
nunca podrán ser arrebatados. Porque muchas veces sobrevivimos a base de
bonitos recuerdos. Y yo, la inmensa mayoría de recuerdos bonitos, los acumulo
estando en el pueblo, en mi pueblo, en Albalate de las Nogueras.
Es en este
pueblo donde he forjado amistades preciosas que están por encima de muchos
contratiempos que puedan darse a lo largo de los años. Es allí donde, cada
verano, espero ver esas caras conocidas que tanto echo de menos. Donde no se
pierde la confianza por haber estado meses sin contacto. Donde somos “todos
para uno y uno para todos” (Los Tres Mosqueteros).
Volviendo al
tema de los recuerdos; Albalate alberga ese tipo de recuerdos que te hacen
sentir bien, que me ayudan a no decaer del todo cuando el mundo se me desploma.
Como aquel cumpleaños sorpresa que me prepararon, las perdidas tardes de
verano, las fiestas, mis quintos… Si voy momento por momento esta parte de mi
vida puede no acabar nunca; así que, si en algún momento creo conveniente
contar algún episodio detallado, lo haré.
Por todo
eso, Albalate y su gente tienen un lugar privilegiado en mi corazón. Porque hay
muchos lugares, pero solo uno en el que te sientes como en casa. Porque a
muchos sitios se les coge aprecio, pero solo uno se añora.
Como yo
quiero, aprecio y añoro Albalate; como sé que ellos: lo quieren, lo aprecian,
lo añoran. Como yo los echo de menos, como yo le doy relevancia; tal como ellos
lo hacen. Tal y como yo lo he plasmado.
Por y para
siempre.
miércoles, 24 de abril de 2013
DIARIO DE UNA SOÑADORA: VI.Un nuevo capítulo rápido.
Personas que
encuentras sin saber porque. Esa persona que crees que nunca influirá en tu
vida, es niño que ignoras en principio. Una persona maravillosa.
Todavía no
se contaros demasiado sobre él, pero lo que sí puedo decir es que es
maravilloso.
Un muchacho
digno de admirar: de ideales claros e ideas sinceras y concretas.
Lo conocí ‘en
un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme’, gracias a una amiga
que también admiro.
Gracias a lo
que sea, coincidimos en un concierto. Gracias también a lo que sea, continuamos
en contacto. Gracias a eso, ahora, puedo contar con él. Gracias a eso, ahora,
mi vida está más completa.
Es
verdaderamente perfecto cuando recuerdo nuestras conversaciones, con el aire de
cara, en la playa. Las tardes de coche y risas, la caminata de la que guardaré
siempre un precioso recuerdo. Pero sobre todo, aquel día lluvioso. Aquella
tarde de perros sobre la que se cernió una nuche oscura y cerrada, que
compartimos al cubierto, cenando tranquilos.
Esta es la
magia de conocer gente nueva.
Este es
Sergio; y yo soy Sara.
Nunca nadie
me había aceptado con tanta facilidad, me había entendido con tanta naturalidad
y había estado a mi lado, sin, siquiera, esperar nada a cambio.
Si te dedico
un capítulo de mi vida es porque lo mereces y porque espero escribir muchos
más.
Gracias
Sergio.
sábado, 13 de abril de 2013
DIARIO DE UNA SOÑADORA: V. Mi ángel de la guarda por excelencia.
Gracias al
colegio, del que ya he hablado, conocí a una repetidora de dudosa reputación
que la tutora decidió sentar a mi lado para ver si conmigo conseguía centrarse
en las clases. Era mi primero de Eso, y ¿por qué conmigo? Pues supongo que
porque era callada, vergonzosa, respetuosa y estudiosa. Cualidades y defectos
de los que ella carecía.
No tardó
mucho en tener que dejarse el colegio por una enfermedad extremadamente dura y
contundente: un cáncer.
No venía de buena familia y que yo empezase a
hablar con ella no fue del agrado de la mía. Realmente este aspecto me dio
igual: inventé mil excusas para no fallar ninguna vez que ella me necesitase
para lo que fuera, y aquí fue donde empezó una amistad que llegó a traspasar
límites de tiempo, espacio, edad y gustos; la mejor amiga que podía desear.
Podíamos
hablar de todos. La admiraba de una forma sobre natural: era preciosa y muy
fuerte. Fue preciosa hasta las últimas consecuencias, hasta sus últimos
momentos de enfermedad.
Vivía por y
para que ella estuviese lo mejor posible. Y pronto pasé de ser la que le
llevaba los deberes y la ayudaba a no perder clase, a una amiga con la que hablar
largas tardes de invierno o con la que pasear en verano.
Las cosas se
fueron complicando con el avance imparable de su enfermedad. Y con ello, fuimos
uniéndonos más y más. Por las navidades de mi segundo de ESO, decidí tener un
detalle con ella: le regalé un colgante que desgraciadamente ahora llevo yo.
Recuerdo su cara de sorpresa, las pocas palabras que dijo y el abrazo que me
dio, sobre todo recuerdo el abrazo. Fueron unas navidades geniales en su
habitación al cubierto del frio.
Me encantaba
cuando la llevaba a verme entrenar los viernes por la tarde. Ese esfuerzo valía
la pena, por ella todo valía la pena. Todo esfuerzo era poco.
Con ella
aprendí a ser fuerte, a controlar mi carácter, a valorar y a luchar por tal
regalo como es la vida y a amar de verdad, querer sin importar nada y a
aceptar.
Nunca
olvidaré todos y cada uno de los momentos que pasamos juntas, ni las largas
esperas para que sonase el teléfono con buenas noticias después de largas
operaciones, las tardes de pipas en un banco, las charlas sobre chicos en los
que acababa sacándome los colores.
Los mensajes
de ánimo que recibía antes de cada examen y aquellos que le enviaba yo, se lo
merecía todo.
Llegó a ser
ella el pilar que sostenía su casa y mi vida.
Lo tenía
todo, todo era perfecto en mi vida; tenía a mi mejor amigo, a mi mejor amiga,
había conocido a gente diferente y chico. Pero llegó se fatídico verano que le dio
la vuelta a mi vida, fue el verano de tercero de ESO:como venía siendo normal, me
saqué todas las asignaturas a la primera con buena nota, Bea teóricamente mejoraba
y en cosa de un mes iba a irme de vacaciones a mi pueblo. Pues bien, acabé las
clases sin tener chico, al mes de esto, mi mejor amigo dejó de hablarme y Bea
empeoró, aunque me hizo creer que todo iba bien.
Justo el día
que volví de vacaciones, sonó el teléfono de mi casa: era Sandra, lo recuerdo
perfectamente, fue ella la que me dio la noticia, no daba crédito, no podía
estar pasando.
El dolor traspasó
mis entrañas, rasgándome por dentro y dejándome sangrando. Nunca pensé que
alguien podía dejarme así.
Mi mundo se
había desplomado, había caído al suelo de golpe.
No hubo
consuelo existente, hablo enserio.
Recuerdo el
dolor como si fuese un puñal que se metía poco a poco en mi corazón y me rompía,
lo partía en dos. Vi llorar a tanta gente por ella, vi cómo se nos rompía el
mundo a más de uno, vi el dolor en los ojos de una madre al perder a su hija.
Lo vi y no volví a ser la misma.
Desde
entonces, la recuerdo día a día.
Desde aquel
21 de agosto vivo esperando volverla a ver en algún momento, esperando que
vuelva tal princesa como era ella.
Mi vida,
después de 3 años 6 meses y unos cuantos días: Beatriz, te quiero.
Gracias por
hacer de mi la mujer que ahora soy, gracias por ser la inspiración de mis
escritos, gracias por el poco tiempo que nos conocimos, gracias por enseñarme
el verdadero significado de la amistad, gracias por demostrarme cómo se lucha
por vivir y ser feliz. Gracias Bea, gracias.
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